Huesca, Leyenda Viva

Hará hace cosa de un mes, tras mantener una conversación sobre los últimos libros leídos, una amiga periodista me transmitió su convicción de que hay que escribir más ficción, de que nos tenemos que lanzar a imaginar y crear. Animada por esas palabras y ante la posibilidad de ganar 1.000 leureles (no vendrían nada mal, la verdad) mandé un texto al Concurso Internacional de Relato Corto Huesca, Leyenda Viva. En 250 palabras salió de mí la Huesca más misteriosa.

Evidentemente, no gané. Lo hice más bien como un ejercicio. A escribir se aprende escribiendo, al igual que a dibujar se aprende dibujando. Así que nada, comparto con vosotros esa pequeña historia que brotó una tarde de septiembre. Realmente poco tiene que ver con el festival, pero es lo que me inspiró el nombre del evento. Espero que os guste. 

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Huesca, Leyenda Viva

Rasgó un poco con las uñas y ahí apareció, entre la tierra que acababa de remover. Era un libro con la cubierta estropeada. Con sumo cuidado lo abrió, temiendo que se deshiciera entre sus dedos. Mariano observó unos signos que no reconoció.

Con extrañeza, decidió irse a casa para estudiar su hallazgo. Dio dos vueltas al cerrojo y se colocó en el salón. Lo abrió de nuevo. El miedo inundó la habitación. En una de las hojas aparecía un dibujo. En él reconoció el rostro del camarero del bar donde tomaba café todas las mañanas. Pasó un par de hojas más y se dio de bruces con otra cara conocida, la de la panadera. Cada dos o tres páginas la situación se repetía.

Dejó el ejemplar y se metió en la cama. A la mañana siguiente lo llevaría a Ayerbe, donde vivía un antiguo compañero de carrera que se había especializado en manuscritos.

Se levantó. Donde ayer había abandonado el libro ahora sólo había un cuadrado entre el polvo. Había desaparecido. Salió a la calle y se cruzó uno a uno a todos aquellos retratados en las páginas. Al llegar al Coso, una anciana lo empujó dentro de una casa. Sin mediar palabra le enseñó el libro. Mariano lo cogió y vio cómo en la última página había una nueva ilustración. Era él en su huerto. Cerró el ejemplar de golpe y se percató de la frase de la contraportada. En letras semiborradas ponía: Huesca, leyenda viva.

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