Algodón de Azúcar en Pilares

La virgen del Pilar, octubre de 2011.

Decidió comprar un algodón de azúcar. Había sido un mal año, pero eran Fiestas y creía que no haría mal a nadie. Hizo la pertinente fila frente a la caseta colocada en Independencia y pidió su oscuro objeto de deseo.

Anduvo unos metros y se sentó en los bancos de Santa Engracia encarado hacia el Paseo para observar el ir y venir de los paseantes. ¡Cómo había cambiado todo! Hacía solo un par de años, él caminaba despreocupado con el cachirulo en la muñeca, riendo, disfrutando y examinando diariamente el programa que regalaban con el periódico. Ahora, estaba cansado, envejecido de golpe. No sentía el mismo run rún que años atrás le llevaba de un rincón a otro de la ciudad. Le daba igual Interpeñas, la Carpa del Ternasco y las Casetas Regionales. Solo quería pasar desapercibido y comerse tranquilamente su algodón de azúcar.

Con la mano izquierda pizcó la nube rosa y engulló el dulce que se deshizo en su boca. En el momento de placer máximo, una voz interrumpió la explosión de sabor.

-Perdona, ¿Puedo sentarme?

-Sí, sí, claro, sin problema- contestó echándose a un lado para dejarle espacio.

Cogió otro pellizco de calorías, pero ya no lo pudo disfrutar igual, ya que el vecino de banco había sacado su teléfono móvil y, a modo de cadena de música, había puesto jotas. Pronto reconoció la letras. Esa era la última jota que se entonó en la boda de Carmen. Una boda a la que fue invitado como amigo ya que no era políticamente correcto acudir como “ex-novio y actual amante de la novia”. No pudo resistir y se levantó. El algodón se le estaba atragantando.

Decidió bajar hacia las orillas del Ebro, creía que estaría tranquilo. No había leído nada sobre las fiestas por lo que no sabía que este año, la ribera era un espacio de Fiestas también. Entre las multitudes encontró un rincón. Le quedaba poco algodón. Tenía las manos pringosas y el corazón farragoso.

Necesitaba lavarse. No encontró ninguna fuente, por lo que, debido a la embriaguez que produce el azúcar en ciertas ocasiones, pensó que sería buena idea lavarse la manos en el padre Ebro. Nunca había tocado el río al que tantas veces había nombrado e incluso defendido como un bien propio. Reflexionó y se dirigió hacia el Puente de Piedra. No pudo evitar pensar en los siluros y las palomas. Aún recordaba al joven periodista con su libreta observando desde lo alto, esperando a que el monstruo fluvial engullera a la criatura celestial.

Se agachó, se puso de cuclillas. Empezó a sonar el Bendita y Alabada de las 20:00 y le dio un vahído de la impresión. Perdió el equilibrio y cayó al río. Como no tenía nada que hacer, y ninguna ilusión por las fiestas de este año, le pareció buena idea dejarse llevar por la corriente. “Quizá en Tarragona no sea fiestas”.

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Comments
One Response to “Algodón de Azúcar en Pilares”
  1. David dice:

    Acabará en Mequinenza en una barca de pescadores. Como si lo viera.

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