Noticias que inspiran…

No podía haber sido peor. Hacía días que no salía por la noche, pero ayer no pude más y aproveché la guerra de precios de los bares de debajo de mi casa para embriagarme a base de cervezas acompañadas por pipas. El tiempo pasó volando, las horas se acortaron y la luna creció en el cielo, mientras un desfile de botellines pasaba por mi boca. La noche acabó bien, en un tugurio de la zona de San Miguel, con mi humor en un punto álgido y mi magnetismo brillando.

Eso fue ayer. Hoy ha sonado el teléfono a las 9.00. “Blanca, te necesitamos. Hay una denuncia sobre un posible cadáver en el barrio Delicias”. ¡Mierda! Meses esperando un caso interesante y tenía que ser justo este día. Resumiendo. Los vecinos de un bloque de la calle Navas de Tolosa habían llamado para quejarse del olor a que salía de un local que llevaba varios meses cerrado. La policía local había ido hasta el lugar y había encontrado un bloque de cemento sospechoso. La cosa se ponía todavía más interesante al buscar los nombres de los dueños del comercio y descubrir una denuncia sobre la desaparición de uno de los socios hace una semana.

Me puse el vaquero, que todavía descansaba en el suelo, y me acicalé en el baño. Mi compañero me estaba esperando en el coche en la esquina de mi calle. “Buenos días, princesa”, dijo para recibirme. No pude evitar acordarme de la canción de Sabina en la que la princesa se ha convertido en un deshecho de la sociedad. Así me sentía. Manolo era simpático, un cínico, pero ¿quién no lo era en este trabajo?, pero ¿Qué somos? Somos arqueólogos. Sí, arqueólogos, pero arqueólogos al servicio de la policía, es decir, gente de letras que no ha conseguido dedicarse al duro mundo de la arqueología de campo y que funciona como asesora de los cuerpos del estado cuando descubren enterramientos complicados. En la facultad imaginaba mi futuro en el desierto iraquí, descubriendo vestigios Babilonia y sus jardines flotantes… Nada de eso.

Nos presentamos en el garito, abriéndonos paso entre los curiosos y los jubilados. La verdad que el olor era nauseabundo. Me arrepentí de mi salida nocturna tras la primera arcada, y más tras vomitar en una bolsa del Corte Inglés. Después de recobrar un poco el color y el temperamento, me dirigí hacia donde estaba Manolo. Delante de mi compañero había un bloque de cemento rectangular e irregular. ¿Cómo sacar un cuerpo del cemento sin contaminar el escenario? ¿Aguantaría el día?

Este pequeño extracto está basado en el noticia que nos sorprendía hoy en Heraldo: La policía busca un cadáver en un bloque de hormigón de un cibercafé en Zaragoza

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