¿Qué hubiera pasado si hubiese existido Internet en el tardofranquismo?

Foto de Mayo del 68 francés

¿Qué hubiera pasado si Internet hubiera alcanzado el desarrollo actual en Mayo del 68? ¿Cómo hubiera reaccionado el movimiento social español con herramientas como Facebook, Twitter o Tuenti? ¿Hubiera caído Franco antes de su muerte? Lo que aquí escribo no son más que hipótesis surgidas por una reflexión hecha a partir de la importancia de Internet en las revoluciones árabes. No es un estudio ciéntifico, ni sociólogico, sino simplemente pensamientos míos puestos en palabras. ¿Cómo hubiéramos reaccionado los españoles si hubiésemos disfrutado del amplio espectro que ofrece la red de redes?

No hay duda que la aparición de Internet y su posterior democratización ha sido clave en el desarrollo de los movimientos sociales actuales. A finales de los 60, principios de los 70, cuando los movimientos eran clandestinos en España, los principales problemas que existían eran el de información y el de intercomunicación. Un obstáculo que la red ha sabido echar abajo en el siglo XXI en países acuciados por dictaduras. También es cierto, que las redes sociales no están teniendo el mismo nivel de incidencia en China que en los países árabes. Allí el estado controla Internet y es complicado sortear sus cortes y sus páginas ‘capadas’ porque el gobierno es mucho más  fuerte que en Egipto o Túnez. En Cuba pasaría algo similar, los bloggeros son perseguidos, pero utilizan otros medios, como los mensajes de texto para tuitear e informar sobre lo que está ocurriendo en su isla. La España franquista se alejaría del modelo chino y se acercaría más al modelo de Egipto o al de Cuba.

En la España franquista el acceso a la información estaba más que limitado. Los medios de comunicación, tanto privados como públicos, eran fieles al régimen y sus informaciones estaban encaradas a favorecer la permanencia del Generalísimo en el poder y si no eran censurados (A pesar de la relajación de la censura en el tardofranquismo con las leyes de Fraga). Pocos eran los ciudadanos que podían salir fuera de España para disfrutar libremente de libertad de prensa, que viajaban a Francia y descubrían el día a día del resto de jóvenes de su edad…

También es cierto que España vivía en aquellas décadas un crecimiento económico constante gracias al Plan Marshall, al turismo y a las medidas tecnócratas que tomó un sector del Opus Dei cuando se incorporó al régimen. Esta bonanza económica acallaba a un pueblo acostumbrado a pasar hambre y, que gracias a su propio esfuerzo, empezaba a disfrutar de las comodidades de la vida moderna. Esta comodidad también influyó en una nueva generación de hijos que no habían sufrido en sus propias carnes las Guerra Civil ni la posguerra de las cartillas de racionamiento y que, una vez llenado el estómago, quería llenar su ‘alma’.

En mayo del 68, mientras medio mundo vivía sus primaveras, en el estado español las movilizaciones quedaron en huelgas y manifestaciones que fueron reprimidas por las fuerzas del orden franquista. No era la primera vez que había revueltas en las Universidades. En 1956 hubo un antecedente revolucionario en las aulas, pero fue duramente reprimido. Mientras Francia se paralizaba con las palabras del joven estudiante Daniel Cohn Bendit a España solo llegaba un lejano eco aplacado por la censura. ¿Qué hubiera pasado si esos jóvenes españoles, una generación que había nacido en los 50, y no había vivido la Guerra Civil, hubiese tenido Twitter o Facebook?

Pues bien, lo primero de todo es que la información habría fluido y la sociedad se hubiera enterado del temblor de los sistemas en Europa, América Latina, Asia, América del Norte… con más veracidad y con diferentes puntos de vista no oficiales. Hubiese sido mucho más fácil recibir ayuda política e ideológica para encarar un levantamiento hacia el franquismo. Hubieran llegado los discursos de Sastre, Chomsky, Luther King, el cine de Buñuel y todo lo que estaba prohibido. Hubiese sido más sencillo enseñar al mundo la triste situación intelectual que sufría un país con ganas de más. Una juventud creciente con el deseo de derribar al dictador. Hubiese sido también más sencilla la organización, el intercambio de información. No habría que haber quemado documentos, actas… Se podrían haber enviado en un solo momento a cualquier camarada fuera las fronteras nacionales.

España quería opinar, votar, quería ser parte protagonista de su historia. Quería que se le conociera no solo porque Massiel acabara de ganar Eurovisión con el La, la, la (canción que por cierto iba a cantar Joan Manuel Serrat en catalán, pero fue vetado) sino por otras muchas cosas. Quería romper las cadenas del atado y bien atado, desatarse de la censura, hablar en catalán, en euskera o en patués. España se abría, pero aún no rompía de todo el cascarón. Tuvo que esperar a la muerte del dictador y al proceso de la Transición para ser esa España que siempre habría tenido que ser. Internet podría haber acelerado el proceso o… no.

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