Tapologo

Tapologo

Llagas en la espalda, delgadez extrema y debilidad desbordante. Estos son algunos de los síntomas del virus del SIDA. Unos efectos que pueden ser contrarrestados con la toma de antivirales. Sin embargo, no es tan fácil conseguirlos. No todo el mundo puede acceder a ellos y menos en África, el continente más afectado por esta enfermedad. Pero de la miseria más extrema resurge la solidaridad humana. Olvidados por el gobierno, borrados de los documentos oficiales, 20.000 personas viven en el asentamiento chabolista en Freedom Park, una ciudad de chapa construida alrededor de la una mina de extracción de platino en Sudáfrica.

Allí entre escombros, perros y basura, el SIDA es un habitante más. Las principales portadoras del AIDS son las mujeres, obligadas muchas veces a prostituirse por unos pocos rands para poder sobrevivir un día más. Sin goma más dinero cobras. Recibes monedas, pero también el virus. Un grupo de mujeres, ayudadas por la comunidad católica del obispo Kevin Dowling, dijo basta. Hartas de ver morir a sus vecinas solas, abandonadas, decidieron organizarse para luchar contra el SIDA cara a cara y ofrecer una cosa que no la tiene porqué dar el dinero: dignidad. Así nació Tapologo.

Tapologo en Documentos TV. Thimba, una enfermera voluntaria infectada con AID, ayuda a una vecina de Freedom Park

La existencia de este grupo de trabajo de voluntarios de Tapologo se narra muy bien en el documental del mismo nombre rodado en 2008 por Gabriela y Sally Gutiérrez Dewar. El largo ha sido proyectado estos días en el ciclo de Cine y Derechos Humanos de Zaragoza en su sección oficial. A través de los testimonios de las mujeres implicadas y del obispo se descubre cómo, desde abajo, ha nacido un movimiento comunitario preocupado por los suyos y  que ha tomando el papel protector que debería pertenecer al estado. Tapologo nació como un centro de ayuda a los enfermos y unos años después ya cuenta con más de 10 centros de atención, uno de ellos para enfermos terminales, dentro de Freedom Park.

Sus enfermeras (muchas de ellas enfermas o jubiladas) asisten a domicilio a quienes no pueden moverse de sus hogares. Les ayudan a limpiar, a atender a sus hijos, les conciencian sobre la enfermedad… El objetivo, cuentan en el documental, es que la sociedad conozca los peligros del virus y que en dos generaciones la situación cambie en África.

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